El correo llegó el miércoles a las tres y dieciséis de la tarde.
Valerie estaba en el despacho prestado del tercer piso, el que usaba cuando necesitaba ordenador y acceso al sistema sin pasar por recepción. Era una sala pequeña con una sola ventana y un calefactor que tardaba cuarenta minutos en calentar si venías de fuera.
Tenía los registros del proveedor sur abiertos en una pestaña y el formulario de seguimiento trimestral en la otra.
El correo llegó en silencio, como llegan todas las cosas