La octava noche en el sótano, Matilde bajó más tarde de lo usual.
Valerie escuchó el chirrido de la trampilla a las once, cuando normalmente la visita nocturna era a las ocho. Tres horas de retraso que habían hecho que su mente creara docenas de escenarios catastróficos.
Matilde descendió las escaleras con movimientos lentos, cargando no solo la bolsa de comida habitual sino también un termo grande y dos tazas de cerámica.
"Té," anunció, sirviéndolo con manos que temblaban ligeramente, "con mie