El undécimo año llegó sin anuncios, sin fanfarria, sin nada que lo distinguiera de los diez anteriores.
Solo otro año más de encierro. Otra vuelta más en la rueda interminable de supervivencia.
Valerie tenía veintisiete años. Once años cautiva.
Cuatro mil quince días marcados en la pared del baño.
Había dejado de esperar milagros hace mucho tiempo. Había dejado de esperar cualquier cosa excepto el siguiente día idéntico al anterior.
Y entonces su cuerpo empezó a traicionarla.
Comenzó con náusea