La mañana siguiente, Valerie bajó a las seis.
Roger ya estaba en la cocina.
No debería sorprenderla. Los depredadores madrugaban. Era táctica: atrapar a la presa cuando estaba vulnerable, medio dormida, sin defensas levantadas.
Él le sonrió desde la mesa.
—Buenos días, Valerie. Qué temprano te levantas.
—Los bebés no entienden de horarios.
—Por supuesto.
Se levantó, caminó hacia la cafetera. Pasó junto a ella.
Su mano rozó la de Valerie al tomar la taza del estante. Contacto breve, aparentement