El alta médica llegó siete días después del parto.
Valerie había rogado por más tiempo, inventando dolores que en realidad existían pero que había aprendido a esconder. Los doctores no se dejaron convencer. Necesitaban la cama, el hospital estaba lleno, ella estaba lo suficientemente recuperada.
Los bebés todavía estaban en neonatal.
Demasiado pequeños, demasiado frágiles para salir. Necesitaban al menos dos semanas más de cuidados intensivos antes de poder respirar el aire del mundo sin ayuda.