El despacho de Dante olía a whisky sin tocar y a descubrimientos que cambiaban vidas.
Isadora entró encontrando a su esposo inclinado sobre tres pantallas simultáneas, los reflejos azulados iluminando un rostro que no había dormido en días. Elena estaba junto a él, sus dedos volando sobre un teclado mientras murmuraba términos legales que sonaban como sentencias de muerte. El Especialista ocupaba el rincón oscuro que parecía preferir, sus ojos siguiendo cada movimiento con la intensidad de un d