Había una lista en la cocina.
Impresa. Con tipografía de doce puntos. Con viñetas. Con tres columnas: Hecho / En proceso / Pendiente.
Isadora la vio pegada en la puerta del refrigerador a las siete de la mañana y tardó treinta segundos en procesar lo que estaba mirando.
La lista tenía cuarenta y dos puntos.
Los primeros veinte ya estaban tachados.
—Dante.
—Mmm. —Él estaba de espaldas, preparando café.
—¿Cuándo hiciste esto?
—Anoche.
—Son las siete de la mañana.
—Sí.
—Cuarenta y dos puntos.
—Cua