No durmió.
No fue angustia. No fue insomnio de los que conocía, el tipo que venía con listas de problemas sin resolver y el zumbido de la adrenalina en las sienes.
Fue otra cosa.
Isadora se quedó sentada en el sofá con la laptop abierta y la imagen congelada en el fotograma exacto: Valentina con el bebé en brazos, mirando a la cámara.
La vio durante horas.
No sin moverse; eso habría sido demasiado. Se movió. Fue al baño. Bebió agua. Puso la mano sobre su vientre cuando Lucía Valentina pateó a l