El testimonio de Klaus Hoffmann resonaba en la sala de conferencias como una sentencia de muerte.
Isadora observaba las pantallas mientras el anciano abogado declaraba ante tres fiscales federales, su voz ganando firmeza con cada nombre revelado, cada fecha expuesta, cada transferencia que conectaba a Andrés Castellanos con tres décadas de crímenes internacionales.
El fiscal principal detuvo la grabación después de dos horas.
—Esto es suficiente para emitir una orden de arresto internacional co