La información sobre Sofía Duarte llegó en forma de una carpeta manila que Elena dejó caer sobre el escritorio de Isadora como si fuera radiactiva.
—Esto es lo que encontré. Y no te va a gustar.
Isadora abrió la carpeta. La primera fotografía mostraba a una mujer de unos veintiocho años, cabello oscuro recogido en un moño elegante, rasgos que resonaban inquietantemente familiares. Los mismos ojos claros de su madre. La misma estructura ósea delicada de los Montemayor.
—Se parece a mí.
—No solo