La foto medía doce por dieciocho centímetros.
Isadora la había imprimido en la copistería de la esquina de la fundación, en papel mate, con la misma calidad ordinaria con que se imprimen las fotos de cumpleaños que se ponen en el frigorífico con un imán. No papel fotográfico de alta gama. No impresión de laboratorio profesional. Un marco básico de madera oscura comprado en la ferretería de abajo por siete euros con cincuenta, precio marcado con etiqueta adhesiva naranja sobre el cartón del emba