Se sentaron en el sofá del salón.
Isadora en un extremo. Dante en el otro. El test sobre la mesita de café entre los dos, boca arriba, con las dos líneas visibles desde cualquier ángulo. Isadora lo había puesto así sin pensarlo y ahora no tenía intención de moverlo.
—Habla tú primero —dijo ella.
—El teléfono era el notario.
—¿Qué estás firmando mañana?
Dante soltó el aire despacio. Se apoyó sobre las rodillas con los codos, la postura de quien va a decir algo que ha pensado mucho y quiere que s