La sala del tribunal mercantil olía a papel viejo y a ambiciones frustradas.
Isadora había pasado la noche en vela, junto a Elena y un ejército de asistentes legales que habían revisado cada coma del fideicomiso original buscando inconsistencias, errores, cualquier cosa que pudiera anticipar el ataque que sabían que venía. Habían encontrado nada. El documento era impecable.
Lo cual significaba que, si Andrés tenía algo, era completamente diferente a lo que ellos poseían.
El juez Hernández, un h