La viuda del notario Carrillo vivía en una casona de cantera rosa que había conocido mejores épocas, ubicada en un barrio que alguna vez fue elegante y ahora sobrevivía a base de nostalgia y pintura descascarada.
Isadora y Dante llegaron al mediodía, cuando el sol de invierno apenas lograba calentar las calles empedradas del centro histórico. El portón de hierro forjado crujió cuando lo empujaron, anunciando su llegada con un lamento oxidado que resonó en el patio interior.
Una empleada domésti