La prisión federal olía exactamente como Isadora recordaba: desinfectante industrial mezclado con desesperación humana solidificada en concreto.
Las tres hermanas caminaban en formación triangular por el corredor de visitas. Isadora al frente, María a su derecha, Sofía a su izquierda. El Especialista las seguía tres pasos atrás, su presencia un recordatorio silencioso de que incluso aquí, rodeadas de guardias armados y puertas de acero, el peligro nunca dormía completamente.
—Sala de visitas nú