El salón de té del Club de Golf Los Robles era un bastión de elegancia pastel y prejuicios blindados, un lugar donde el tiempo parecía haberse detenido en una época donde las mujeres solo hablaban de arreglos florales y matrimonios convenientes, y donde el sonido de la porcelana fina chocando suavemente era la única música de fondo permitida.
Isadora entró en el salón con el corazón latiendo desbocado contra sus costillas, pero con el rostro compuesto en una máscara de serenidad absoluta, visti