La sala estaba completamente en silencio.
No era el silencio educado que los diplomáticos reservan para los largos y tediosos informes de presupuestos anuales. Era el silencio denso, eléctrico y paralizante que se produce cuando nadie en la sala quiere correr el riesgo de perderse una sola respiración, una sola sílaba.
Isadora recitó los cuarenta y dos nombres de las víctimas de la Operación Ceniza.
Las víctimas de Grupo Halcón. Las víctimas de Velarde. Las víctimas que Ferrán había intentado e