Fingir indiferencia era más difícil que cualquier negociación corporativa, cualquier batalla legal, cualquier confrontación con los Castellanos que Isadora hubiera enfrentado en toda su vida.
Llevaban tres días de actuación impecable, setenta y dos horas que se habían estirado como siglos de tortura refinada. Tres días de reuniones ejecutivas donde Dante se sentaba estratégicamente en el extremo opuesto de la mesa de caoba, dirigiéndose a ella como "señorita Montemayor" con una formalidad glaci