La llamada de Rodrigo llegó a las siete de la mañana, mientras el café todavía goteaba en la cafetera y Sebastián revisaba los reportes de seguridad que Solano le había enviado durante la noche.
—Necesito verlos —dijo Rodrigo, su voz desprovista de la arrogancia que lo había caracterizado durante toda su vida—. Es sobre Mendoza Enterprises. Es urgente.
Sebastián levantó una ceja, mirándome desde el otro lado de la isla de la cocina. No respondió inmediatamente, dejando que el silencio se extend