La pantalla muerta me devolvía mi propio reflejo. Ojos desorbitados, labios apretados, manos que temblaban sobre el teclado mientras intentaba restablecer la conexión con las cámaras del sótano.
Nada. La señal había desaparecido por completo, dejándome ciega en el momento más crítico.
—Sebastián —dije por el comunicador, luchando por mantener la voz firme—. La señal se cayó. Carmen sabe que la estábamos mirando.
Estática. El crujido de la interferencia. Luego, su voz entrecortada.
—Lo sé. La vi