Los minutos se arrastraban como horas. Cada segundo sin noticias era una eternidad de posibilidades horribles reproduciéndose en bucle dentro de mi cabeza.
Marqué el número de Carolina. Una vez. Dos. Tres.
—¿Valentina? Son las once de la noche, ¿qué...?
—Marcos nos traicionó. Tiene a Sebastián. Necesito todo lo que puedas encontrar sobre él. Historia real, no la que nos vendió. Conexiones financieras, propiedades, movimientos de los últimos veinte años. Todo.
El silencio de Carolina duró exacta