La carpeta seguía sobre la mesa.
Rodrigo se había ido. La puerta estaba cerrada. Isabella dormía.
Y los sesenta y ocho millones del fideicomiso de Javier Reyes seguían ahí, en números negros sobre papel blanco, esperando que alguien decidiera qué hacer con ellos.
Valentina no los tocó.
—Necesito ver los estados financieros de Duarte Corp —dijo.
Sebastián la miró.
—Valentina. Acabas de pasar por lo de Emma. Acabas de—
—Los estados financieros, Sebastián.
Él reconoció ese tono. El mismo que usaba