Esa noche Sebastián no durmió de inmediato.
No era insomnio.
Era el tipo de vigilia que producían las noches donde algo había ocurrido que necesitaba tiempo para asentarse antes de convertirse en sueño.
Emma había ganado la tercera partida.
Era un hecho pequeño en la escala de los hechos de los últimos años.
Pero pequeño no era lo mismo que sin peso.
Sebastián estuvo en la oscuridad del cuarto con Valentina dormida a su lado y pensó en el tablero.
En el movimiento dieciséis de Emma.
En los cuar