Carolina llamó de vuelta en cuatro minutos.
Valentina contestó antes del segundo ring, Isabella dormida contra su hombro. El peso pequeño de su hija era lo único que la anclaba a la realidad mientras el mundo se desmoronaba por tercera vez en cuarenta y ocho horas.
—Lo tengo —dijo Carolina sin preámbulo—. Grabé la llamada cuando entraba. Enviando el archivo ahora.
El teléfono de Valentina vibró. Un archivo de audio. Treinta y dos segundos.
Lo reprodujo.
La voz de Emma llenó el departamento, peq