La frase de la curiosidad tenía un problema.
Era verdadera pero era también el final del argumento, no el principio.
Si Valentina empezaba con el motor no era la rabia ni la injusticia, era la curiosidad, el discurso tenía que construir hacia atrás desde esa afirmación, lo cual producía una estructura narrativa en reversa que podía funcionar pero que requería que el audiencia se sostuviera en un punto de llegada mientras Valentina construía el camino que conducía hasta él.
Era posible.
No era l