Emma caminaba sola por el asfalto.
La luz de los reflectores la convertía en una silueta diminuta contra la noche de Rosarito. Llevaba su pijama rosa con unicornios. El mismo que usaba en la foto que Marcos había enviado hacía tres días.
Tres días que parecían tres años.
Sebastián bajó del auto con las manos visibles.
Se movió despacio. Como quien se acerca a un animal asustado. Como quien sabe que un movimiento en falso puede romper algo que ya está demasiado frágil.
La niña lo miraba sin parp