El mapa en la pantalla de Carolina mostraba un punto rojo moviéndose sobre el Pacífico.
Valentina lo observaba desde el sofá del departamento. Isabella dormía en el moisés junto a ella. Emma estaba en la habitación contigua con Teresa, finalmente bañada y alimentada después de tres días de pesadilla.
El punto rojo avanzaba a ochocientos kilómetros por hora.
Marcos volaba hacia Vancouver.
—Tiempo estimado de llegada: cuatro horas —dijo Carolina sin apartar la vista de la pantalla—. Rodrigo está