La maestra Fernández llevaba doce años enseñando tercero de primaria.
Había escuchado redacciones sobre futbolistas, sobre superhéroes de caricatura, sobre perros y abuelas y un niño que una vez escribió cuatro páginas sobre su tortuga con una seriedad que ella no supo exactamente cómo calificar.
Nunca había tenido que detenerse a la mitad de una lectura.
Hoy sí.
El ejercicio era simple: Escribe sobre tu heroína.
Sin reglas adicionales. Sin longitud mínima. Sin género impuesto.
Emma Duarte Morr