El libro no existía todavía.
Solo una portada digital, una sinopsis de cuatro líneas, y el nombre de quien lo había escrito.
Era suficiente para que el daño empezara.
Valentina conocía ese mecanismo porque lo había observado operar en otras direcciones: el anuncio trabaja antes que el objeto. La sombra llega antes que el cuerpo. Y la sombra de un libro con ese título ya tenía forma y temperatura propias antes de que nadie lo abriera, porque nadie necesita leer algo para decidir que cree en lo q