El túnel olía a tierra húmeda y secretos enterrados.
Avancé en silencio absoluto, la linterna entre los dientes, las paredes de piedra rozando mis hombros. El vientre me dificultaba el avance, pero no iba a detenerme. No ahora. No cuando Sebastián estaba a menos de cien metros de distancia.
—Alfa en posición —susurró Patricia en mi auricular—. Perímetro norte despejado.
—Bravo confirmado. Sur limpio.
Las voces de los equipos llegaban como fantasmas electrónicos. Doce hombres rodeando la propied