Rodrigo marcó el número de su madre tres veces antes de que contestara. Cada tono de espera era un martillo golpeando mis sienes.
—¿Rodrigo? —La voz de Carmen sonaba irritada, distraída—. Ahora no es buen momento.
—Mamá, necesito que escuches algo. Es sobre Marcos.
Un silencio. Breve pero revelador.
—¿Qué pasa con Marcos?
—No soy yo quien debe decírtelo. Te paso a alguien.
Rodrigo me entregó el teléfono. El aparato pesaba como plomo en mi mano. Respiré hondo y lo llevé a mi oído.
—Hola, Carmen.