Seis de la mañana. Tres horas antes de la reunión de la junta directiva que decidiría nuestro destino. Sebastián y yo no habíamos dormido, pasamos la noche entera en su estudio revisando cada documento del maletín de Marina, escuchando cada grabación, construyendo y descartando estrategias como si estuviéramos jugando ajedrez contra un oponente invisible.
Carolina llegó a las seis y media con café y un plan de batalla.
—He estado pensando —dijo, colocando su laptop sobre el escritorio—, Alejand