El amanecer me encontró en la cocina, incapaz de dormir después del mensaje de Marina.
Luciana aterrorizada. Víctor con información comprometedora. Un juego de ajedrez donde todos éramos peones de alguien más.
Sebastián bajó cuando el sol apenas asomaba sobre el horizonte de la ciudad. Las ojeras bajo sus ojos contaban la historia de otra noche de pesadillas.
—No dormiste —dijo, más afirmación que pregunta.
—Tú tampoco.
Se sirvió café con la mecánica de quien lo ha hecho miles de veces, sin nec