El auto se detuvo frente a la sede de Duarte Holdings a las dos y diez de la mañana.
Ninguno de los dos se movió de inmediato.
Sebastián miraba el edificio a través del cristal, con esa expresión que ya aprendía a reconocer: el CEO apagándose un segundo antes de volver a encenderse. El hombre apareciendo en el espacio entre una guerra y la siguiente.
—¿Cuántas veces —dije en voz muy baja—, cuántas veces alguien de tu familia te ha traicionado?
Lo pregunté sin plan. Solo porque estaba ahí, en el