El amanecer llegó sin que ninguno de los dos hubiera dormido más de dos horas. Sebastián tenía el rostro ceniciento de quien ha pasado la noche luchando contra demonios invisibles, y yo arrastraba un cansancio que iba más allá de lo físico.
—La trampa está lista —anunció Carolina entrando al despacho con tres carpetas de colores distintos—. Información diferente para cada objetivo. Roja para Márquez del legal, azul para Solano de seguridad, verde para tu asistente personal, Daniel.
—¿Y tú? —pre