El silencio que siguió a nuestra entrada duró exactamente tres segundos. Luego, el caos estalló.
—¡Sebastián Duarte está aquí! —¡Valentina, voltea hacia acá! —¿Es verdad que amenazaste a Marina Mendoza?
Las preguntas se disparaban como balas; cada una, diseñada para herir, para crear el titular perfecto. Sebastián mantuvo la compostura y caminó hacia el estrado con la confianza de alguien que no tenía nada que ocultar, aunque yo podía sentir la tensión que radiaba de su cuerpo.
Luciana se puso