Capítulo 25

Isabela no se sentó. No podía. Las piernas le temblaban, pero no era miedo. Era furia contenida, una jaula de costillas donde un animal arañaba por salir.

—Mateo se fue solo —repitió, como si pronunciar las palabras pudiera hacerlas menos absurdas—. Mateo, que no puede caminar sin ayuda. Mateo, que lleva veinte años en una cama. Ese Mateo. ¿Se fue solo?

Elisa inclinó la cabeza, con una paciencia de maestra de primaria ante un alumno lento.

—¿Vos creés que él no puede caminar porque vos nunca
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