-¡Vaya! Suena muy sofisticado ese nombre.
-Por supuesto -respondió Madame Susan con una sonrisa-. Aquí nunca se usa el verdadero nombre.
Gabriela y Aurora encontraron en el cabaret un lugar donde podían sentirse felices... y, sobre todo, libres.
Un día, Gabriela llegó más temprano de lo habitual. Al entrar, vio a las muchachas ensayando el baile de esa noche.
La música, los atuendos y los pasos de baile llamaron poderosamente su atención. Se quedó allí observándolas con gran interés.
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