Gabriela salió al encuentro con el hombre misterioso.
Al verla acercarse, él se levantó de inmediato.
-Es un placer conocerla -dijo, tomando su mano y besándola con elegancia.
-El placer es mío -respondió Gabriela.
-Es usted extraordinaria... una belleza en verdad.
Gabriela lo miró con una sonrisa seductora.
-Muchas gracias.
El hombre la invitó a sentarse y, tomando nuevamente su mano, le dijo:
-Deseo invitarla a salir. Sería un honor llevarla al teatro este fin de semana.
-¿Q