El cielo de la tarde comenzó a teñirse de un gris plomizo, anunciando una tormenta inminente que amenazaba con oscurecer la ciudad antes de tiempo. En el penthouse, el ambiente de reclusión se sentía cada vez más pesado. Sofía caminaba de un lado a otro por la sala de estar, frotándose los brazos para mitigar un frío que no era del clima, sino de la pura incertidumbre. Marta, la empleada, limpiaba la cocina en un silencio sepulcral, contagiada por la tensión reinante.
Afuera, en el pasill