Tal y como lo prometió Alexey, partimos a la mañana siguiente después de que el doctor me checase por última vez y confirmara que estaba perfectamente bien para viajar. Nos despedimos de su socio, que afirmó que siempre éramos bienvenidos en su hacienda.
Lo que menos disfrutaba era el viaje por tierra hasta la pista de aterrizaje, pero en cuanto vi el jet del ruso estacionado, no pude evitar emocionarme. Quería estar en Rusia cuanto antes y mientras más pronto nos marcháramos, más pronto estarí