—Nunca fui buena con las armas, ni en la lucha cuerpo a cuerpo. —comencé a explicar. —No porque no fuese talentosa o tuviese madera para ello. Entendía todos los fundamentos básicos y los ejecutaba a la perfección. —explique recostándome sobre el sofá. —El problema es que nunca me sentí cómoda haciéndolo, incluso me producía asco.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó volteándose para mirarme de frente. Aparentemente había capturado su interés por mí. Casi sonrió ante esa pequeña victoria. —A