Desperté totalmente desorientada y por un momento entré en pánico al no reconocer dónde me encontraba. Intente levantarme, pero dos manos me sujetaron para que estuviese quieta en la cama. Levante la vista, encontrándome con unos ojos negros que me observaban con amabilidad. Pertenecían a un hombre mayor, unos cincuenta años.
—Solnyshka. —Una figura que si se me hacía conocida vino hasta mí. Sonreí con lentitud al reconocer el rostro de Alexey. —¿Cómo te sientes? —preguntó sentándose a mi lado,