En cuanto aterrizamos en la pista de Alexey, sentí que volvía a respirar. No creía que pudiese extrañar tanto este helado clima. Caía una fuerte nevada, que por lo visto endurecería la nieve más tarde. Lo único que deseaba era llegar a mi habitación y descansar.
Le echaba la culpa a la anemia en mi cuerpo. Me sentía más fatigada que de costumbre. Ahora entendía porque quería dormir todo el tiempo y los constantes mareos que me atacaban. Esperaba que con la dieta que me recetaron pronto estaría