Solo podía describir con una palabra la manera en la que me besaba: Hambre. El Boss tenía hambre de mí. Un ansia que no parecía disminuir, sino que aumentaba conforme se aprendía de mis labios. Como si estuviese probando algo delicioso.
Gemí en su boca y un gruñido subió por su garganta. No había nada tierno en lo que estábamos haciendo, todo lo contrario. Éramos esclavos de nuestros instintos más antiguos y primitivos. Por alguna razón recordé la primera noche que pasamos juntos.
En ese entonc