No perdí tiempo en hablar con nadie cuando nos estacionamos en la fortaleza. Me bajé rápidamente y corrí subiendo las escaleras de dos en dos. Poco me importaba estar montando una escena que nos dejara en ridículo a ambos.
Lo único que quería era esconderme y desaparecer.
Era perfectamente conscientemente de que estaba entrando en un ataque de pánico y que probablemente luego el Boss me castigaría por tal falta de respeto. Prácticamente no lo estaba dejando en ridículo frente a su gente.
Llegué