La desesperación me estaba matando, en vista de que habían pasado treinta minutos y todavía no tenía noticias de ninguno de los dos, decidí bajar las escaleras al primer piso. No había nadie en la casa y eso si que era bastante raro. Por suerte una de las esclavas pasó corriendo en frente de mí y le hice una seña con la mano para que se acercara de inmediato.
—¿Qué es lo que sucede? ¿Dónde están las demás empleadas? ¿Has visto al Boss y la señorita Dominika? Bajaron hace bastante tiempo y aún n