—Felicidades por su embarazo, señora. —inquirió la sirvienta más joven, mientras pasaba la esponja en mi brazo. Sus compañeras la observaron con el ceño fruncido.
Mi cuerpo se tensó y me aleje de ella, repentinamente asustada por sus palabras.
—¿Q-quién s-se los dijo? —tartamudee nerviosa. Comencé a sentirme mareada.
Las tres mujeres se alejaron, bajando la cabeza en señal de disculpa. Sus mejillas habían adquirido un tono rojizo a causa de la vergüenza. Parecían realmente avergonzadas.
—Lament