No tarde mucho preparando mi equipaje, sobre todo porque las esclavas me ayudaron bastante. Una vez dejé todo listo, incluida la ropa que llevaría al día siguiente, cené algo ligero y me fui a la cama. Caí en el sueño profundo.
Al día siguiente las chicas se dieron a la tarea de levantarme antes de que saliera el sol. Estaba todavía dormida, pero en cuanto sentí el agua helada rodando por mi cuerpo, espabilé. Mis esclavas me regalaron una sonrisa divertida, que yo correspondía negando con la ca