Los padres de Isabella se disculparon y los dejaron a solas. Salvatore les había contado todo cuando llegaron al hospital mientras el médico evaluaba a Isabella. Ninguno de los dos los lo culpó, pero ambos dejaron en claro lo que sentían por Nina. Sabía que Matteo no se iba a quedar de brazos cruzados, Isabella era la niña de sus ojos.
—¿Nina? —preguntó Isabella devolviéndolo al presente.
—Sí. Lo lamento mucho.
—No eras tú quien iba al volante, no tienes que disculparte.
—De hecho, hay algo